• Hacia una espiritualidad más cristiana

    Las decisiones siempre están en torno a nuestra vida. Ante cada capítulo nuevo, ante cada experiencia que represente un desequilibro (bueno o malo) toca tomar una decisión.

    En este plano de nuestra vida siempre nos encontraremos ante 2 elementos: la pausa (espiritualidad) y la acción (decisión).  Es decir, estoy yo constantemente frente a un momento de pausa y de acción.

    El tema aquí es la forma en la que nosotros como creyentes ponemos en su justa medida cada uno de estos movimientos. No creo que una libertad realmente cristiana use la espiritualidad como excusa, ni tampoco tome una decisión sin antes haber tenido un momento para meditarlo, orarlo, pensarlo.

    Por eso, creo que el camino hacia una libertad más cristiana pasa por una espiritualidad más “creativa”, unas decisiones más reales y reconocimiento de quién soy.

    Si la vida espiritual, al cabo de los años, no favorece en nosotros el sentido de la realidad y el crecimiento de nuestra libertad interior, no está siendo bien llevada.  Jean Gouvernaire, SJ

    El gran P. Jean Gouvernaire es claro cuando nos hace pensar en si mi espiritualidad es más bien mi ruta de escape antes que el impulso concreto de Dios para hacer lo que tengo que hacer. Lamento mucho cuando nuestra experiencia de Dios nos hace cargarle las responsabilidades de nuestras decisiones a Él. ¿Cuántas veces hemos escuchado “Si Dios quiere”? Como si fuera una frase mágica en la que el “Rey del Universo” vendrá y nos dirá haz esto o aquello. A veces detrás de la “aparente” confianza en Dios lo que hay es un miedo a tomarse la vida enserio. Con mucha razón, también, diría Jose María Castillo en su libro “Espiritualidad para insatisfechos”“la espiritualidad de los cristianos: es la vida tomada en serio”. 

    Creo que nuestra relación con Dios, ese tomarse la vida en serio, ciertamente pasa por momentos de pausa pero también pasa por momentos de acción. Es ese movimiento presentado en el Evangelio de Lucas:

    “12.Sucedió que por aquellos días se fue él al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios. 13.Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles.” Lc 6, 12-13

    Tengamos la confianza para “subir al monte a orar” presentarle nuestras decisiones, pasos, caminos, sueños a nuestro Padre Dios pero también sepamos bajar, bajar cuando se haga de día, es decir, cuando ya toca bajar. No hagamos de la oración una “excusa” para no entregarnos a los demás, a la posibilidad de equivocarnos.

    Existe el riesgo de que algunos momentos de oración se conviertan en excusa para no entregar la vida en la misión, porque la privatización del estilo de vida puede llevar a los cristianos a refugiarse en alguna falsa espiritualidad. EG, #206

    Siendo esto así, también, toca pensar en la espiritualidad como “impulso creativo” que da respuesta al amor de Dios. Digo “creativa” porque muchas veces seguimos tomando los mismos caminos, pasos, métodos, para responder ante un realidad que ya hemos visto que nos trae el mismo resultado. El evangelio es la propuesta del más allá, de tener la capacidad de no quedarme con el “siempre se ha hecho así” que no solo es un criterio pastoral bastante usado en nuestra realidad eclesial, sino que también de alguna forma está inserto en nuestra espiritualidad. Llevamos años, meses, días luchando por ser más libres de esto o aquello usando los mismos métodos, nos quedamos en la esquina del cumplimiento y claro, siempre que me equivoco puedo irme a confesar y listo ¡Conciencia tranquila! No creo que la experiencia de caminar con Jesús sea mediocre sino más bien el reto, el dar un paso más de lo que he venido haciendo. No se trata únicamente de lo que debo hacer sino de qué más puedo hacer para crecer en el amor como nos diría San Luis María G. de Montfort. ¿Seguiremos siendo ese “uno rico” del Evangelio de Marcos?

    “17.Se ponía ya en camino cuando uno corrió a su encuentro y arodillándose ante él, le preguntó: «Maestro bueno, ¿ qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?» 18.Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. 19.Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre.» 20.El, entonces, le dijo: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud.» 21.Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme.» 22.Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.” Mc 10, 17-22

    Seguiremos pensando en ¡Señor he hecho lo que debo hacer! o buscaremos ir más allá. Creo que soy verdaderamente libre o voy camino a, cuando puedo ir más allá, cuando no pregunto si he hecho lo que tengo que hacer sino que más puedo hacer para crecer, crecer cada día más, en el amor, en la libertad, en la paz, en la misericordia frente a mi, frente a mis hermanos.

    La espiritualidad “bien llevada” debe impulsarme a dar los pasos con valentía, a tener confianza en mí, los dones que Dios me ha regalado y confianza en Él, que está conmigo (Mt 28, 20).

    La espiritualidad “bien llevada” debe ayudarme a conocerme más, mi realidad, mi contexto, el plano desde donde debo tomar las decisiones de mi vida, no puede aislarme y dejarme toda la vida como si viviera en el monte. Debe ser como aquello que Pablo le pedía a los Romanos, un reconocerme todo el tiempo, en todo momento “ofrenda agradable” (Rm 12, 2) que implica que la espiritualidad no es temporal sino que es siempre una constante en mi día. Lo que me diría un cura de Ecuador: “una vida espiritual” no un “momento espiritual”.

    La espiritualidad “bien llevada” tiene el criterio de ser creativa, de llevarme más allá de mis miedos y seguridades. Busca siempre preguntarse qué más puedo hacer para ser libre, amar más y mejor.

    Tu primera regla en la acción: del mismo modo que confías en Dios, que te ha dado con qué desenvolverte por ti mismo, también, por otro lado, despliega toda tu energía, sin olvidar que el éxito vendrá únicamente de Dios, no de ti. San Ignacio de Loyola

    Photo by Liam Pozz on Unsplash

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